El 17 de marzo, la Fuerza de Defensa de Israel (FDI) confirmó la eliminación de Ali Larijani, hasta hace poco secretario del Consejo Supremo de Seguridad Nacional de Irán y una de las figuras más influyentes del régimen islámico. La noticia, difundida a través de la red social X, se produce en medio de una intensa escalada militar entre Irán, Estados Unidos e Israel, tras el ataque del 28 de febrero que supuestamente acabó con la vida del líder supremo iraní, Alí Jamenei.
Larijani, de formación matemático y filósofo, fue un actor central en la política iraní durante más de tres décadas. Veterano de la guerra Irán-Irak (1980-1988), ocupó una amplia gama de cargos estratégicos: ministro de Cultura, director de la radiotelevisión estatal, negociador jefe del programa nuclear iraní, presidente del Parlamento y candidato presidencial en 2017. En los últimos años, se consolidó como jefe del Consejo Supremo de Seguridad Nacional y comandante de la milicia Basij, lo que lo posicionó como una pieza clave en la estructura de poder del régimen.
En los días previos a su muerte, Larijani había intensificado su retórica contra Estados Unidos e Israel. Advertía al presidente estadounidense Donald Trump que se cuidara "de no ser eliminado" y afirmaba que Irán estaba preparado para una "larga guerra". Durante una concentración en Teherán, junto a otros altos mandos, calificó los ataques israelíes y estadounidenses como actos de "desesperación" y subrayó que "el pueblo iraní es una nación valiente, una nación fuerte".
Además, días antes de su muerte, Larijani emitió un mensaje en seis puntos dirigido a los países musulmanes, en el que criticó su falta de apoyo a Irán en el conflicto. Señaló que solo "casos raros" habían respaldado a Teherán, mientras que muchos condenaron los contraataques iraníes contra objetivos en el Golfo Pérsico. Para Larijani, Irán encarnaba la resistencia contra el "gran satán" (Estados Unidos) y el "pequeño satán" (Israel), y su lucha representaba una "firme resistencia nacional e islámica".
La eliminación de Larijani, junto con la supuesta muerte de Jamenei, ha generado una profunda crisis de liderazgo en Irán y podría agravar aún más el conflicto regional. Analistas internacionales advierten que estos eventos marcan un punto de inflexión en la geopolítica del Medio Oriente, con implicaciones globales.