En un pequeño restaurante de La Habana Vieja, cerca de la catedral, Silvio Rodríguez toma una cerveza Cristal con hielo mientras evoca batallas pasadas y mira con preocupación el presente de su país. A sus 78 años, el mítico trovador cubano no baja la guardia. Tras publicar en su bitácora Segunda Cita un contundente mensaje de defensa armada frente a una posible intervención estadounidense, la imagen de Silvio sosteniendo un fusil AKM dio la vuelta al mundo.
—Para mí se siente más pesada —dice, tras una pausa—. Soy un señor mayor. Me pesó unos ocho kilos.
Aunque el arma que portó es una réplica, el mensaje es claro: está dispuesto a cargar el verdadero fusil si el gobierno se lo entrega. Su declaración responde a las palabras de Donald Trump, quien afirmó estar dispuesto a “tomar Cuba por las buenas o por las malas”. Para Silvio, no hay ambigüedades: “Mi país no se entrega”.
El AKM, sucesor del legendario AK-47, ha sido el fusil estándar del ejército cubano desde los años sesenta. Resistente, funcional incluso en condiciones extremas, simboliza para muchos una era de resistencia continental. Silvio lo conoce bien: fue voluntario en Angola durante los años 70, donde miles de cubanos —soldados, médicos, ingenieros— fueron enviados por Fidel Castro para apoyar al Movimiento Popular de Liberación de Angola. De esa experiencia nacieron canciones como Pioneros y Canción para mi soldado.
—Allá aprendí lo que significa cargar un fusil no por fanatismo, sino por convicción —recuerda—. No fue fácil, pero fue justo.
Su postura no es nueva. Desde hace décadas, su música ha estado marcada por el compromiso revolucionario. En Fusil contra fusil, uno de sus temas emblemáticos, canta: “Y en vez de lágrimas echar / Con plomo llorarán / Alzará al hombre de la tumba al sol”. Hoy, esos versos cobran nueva vigencia.
En medio de una profunda crisis económica, con escasez de combustible, transporte colapsado y paneles solares en los techos como señal de adaptación, Silvio camina por La Habana como quien conoce cada grieta en la acera. Critica el bloqueo económico, pero también una cadena de obstáculos internacionales que, según él, han llevado a la isla al límite.
Mientras tanto, una flotilla de ayuda humanitaria zarpó desde Yucatán y ya se encuentra a pocas horas de llegar. Bautizada en redes sociales como “Granma 2.0” —en alusión al barco que transportó a Fidel Castro y sus hombres en 1956—, la embarcación enfrentó problemas técnicos, pero sigue avanzando. Activistas internacionales en la isla aguardan su llegada como un gesto de solidaridad latinoamericana.
Silvio agradece especialmente el respaldo de la presidenta mexicana Claudia Sheinbaum, quien en su etapa como jefa de Gobierno le entregó las llaves de la Ciudad de México tras su concierto en el Zócalo. —Me sorprende que algunos se escandalicen por mi postura —dice—. Mi música siempre ha sido clara.
Antes de despedirse, insiste: el fusil que tiene ahora es una réplica. Pero tiene permiso para solicitar uno real. Lo cargará cuando sea necesario. No sabe si será pronto. Pero está listo.