En la madrugada del 8 de abril, menos de 24 horas después de que Irán y EE. UU. acordaran un cese al fuego de 14 días, Israel lanzó una serie de ataques contra Líbano. Según autoridades libanesas, el saldo de la jornada supera los 200 muertos y, desde el inicio de la campaña, la cifra total supera los 1,700 fallecidos.
El origen de la implicación libanesa no radica en un enfrentamiento directo entre Teherán y Washington, sino en Hezbolá, organización político‑militar chií respaldada por Irán. Washington la califica como grupo terrorista; para Irán es su principal aliado regional y, a través de él, mantiene una presencia estratégica en la frontera con Israel.
Estados Unidos e Israel han negado que Líbano forme parte del alto fuego, mientras el primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, afirmó que “no hay alto fuego en el Líbano” y que los ataques contra Hezbolá continuarán hasta garantizar la seguridad israelí.