Una vivienda de lujo ubicada en la exclusiva zona de San Francisco, residencia del director ejecutivo de OpenAI, Sam Altman, fue blanco de un ataque con cóctel Molotov el pasado viernes. La explosión alcanzó la verja de la casa, lo que obligó a la policía local a intervenir de inmediato.
Tras el incidente, los agentes detuvieron a un joven de 20 años frente a la sede de OpenAI. La autoridad no reveló la identidad del detenido, pero confirmó que no se registraron heridos ni daños estructurales mayores en la vivienda.
Altman, quien confirmó el hecho en una entrada poco usual de su blog personal, acompañó el comunicado con una fotografía de su cónyuge y su hijo de un año. El objetivo, según el propio CEO, era “disuadir a cualquier persona de repetir actos semejantes”. En el mismo mensaje, el ejecutivo hizo un llamado a la “desescalada de la retórica y los métodos” contra la industria de la inteligencia artificial, subrayando la necesidad de un debate constructivo.
El ataque se produce en un contexto de creciente visibilidad de Altman y de la empresa OpenAI, cuya tecnología de IA, especialmente ChatGPT, ha generado tanto entusiasmo como preocupación. Recientemente, The New Yorker publicó un artículo titulado “Sam Altman podría controlar nuestro futuro: ¿se puede confiar en él?”, que ha avivado el debate sobre la gestión y la influencia de la compañía.
Además, en las últimas semanas se han intensificado las discusiones sobre el uso de los sistemas de OpenAI por parte del Departamento de Defensa de EE. UU., lo que ha alimentado aún más la percepción de la IA como una posible amenaza para la sociedad.
Hasta el momento, la policía de San Francisco no ha divulgado los motivos detrás del ataque, y las investigaciones continúan en curso.