En el marco de la celebración del Año Nuevo birmano, Thingyan, el presidente recién electo Min Aung Hlaing decretó una amnistía general que incluye la reducción de la condena de 27 años que cumple la exlíder Aung San Suu Kyi, galardonada con el Nobel de la Paz en 1991. La medida también conmutó todas las sentencias de muerte y liberó a más de 4 000 reclusos, entre ellos el expresidente Win Myint, quien había sido indultado tras el golpe militar de 2021.
Según fuentes cercanas al caso, la pena de Suu Kyi se recortó en una sexta parte, aplicándose el mismo criterio a todas las condenas inferiores a 40 años. La exprimera ministra, de 80 años, sigue recluida en un centro no revelado, aunque sus defensores denuncian que la reducción no garantiza su liberación inmediata.
El alto comisionado de la ONU para los Derechos Humanos, Volker Türk, exigió la puesta en libertad “inmediata” de Suu Kyi, mientras que organizaciones de derechos humanos señalan que más de 30 mil personas han sido encarceladas por motivos políticos desde el golpe de Estado, y que el sistema judicial birmano opera a puerta cerrada.
El indulto de Win Myint, presidente simbólico entre 2018 y 2021, fue anunciado como parte de un “esfuerzo de reconstrucción nacional”. El portavoz del partido Liga Nacional para la Democracia, Myo Nyunt, confirmó que Myint se encuentra “en buen estado de salud”.
Observadores internacionales describen la amnistía como un intento de mejorar la imagen del régimen militar, que busca presentarse como civilizado tras cinco años de dominio militar. Sin embargo, críticos la califican de medida cosmética que no aborda las causas estructurales de la represión y la guerra civil que azota al país.