La visita del director de la Agencia Central de Inteligencia (CIA), John Ratcliffe, a La Habana marcó el inicio de una nueva escalada de presiones de Estados Unidos contra Cuba. Según fuentes filtradas, la administración Trump está evaluando presentar una acusación criminal contra el exlíder cubano Raúl Castro por el derribo de tres avionetas civiles el 24 de febrero de 1996.
El posible proceso judicial, reportado inicialmente por CBS, se basa en el incidente en el que la Fuerza Aérea Revolucionaria cubana, tras ordenar el despegue de dos cazas (un MiG‑29 y un MiG‑23), disparó misiles contra tres Cessna 337 Skymaster de la organización de exiliados cubanos “Hermanos al Rescate”. Dos de las aeronaves fueron destruidas en el aire, provocando la muerte de cuatro tripulantes; la tercera, pilotada por el líder del grupo, José Basulto, logró regresar a Florida.
En el regreso de Ratcliffe a Washington a bordo del Air Force One, después de una visita a China con el presidente Xi Jinping, el presidente Donald Trump evitó confirmar o desmentir la posible acusación. Sin embargo, el mensaje transmitido por Ratcliffe al nieto de Raúl Castro, Raúl Guillermo Rodríguez Castro (conocido como “Raulito”), fue claro: EE.UU. está “dispuesto a abordar seriamente los asuntos económicos y de seguridad, pero solo si Cuba realiza cambios fundamentales”.
En el Congreso, la propuesta ha polarizado a los legisladores. El representante republicano de Florida, Carlos Giménez, celebró la iniciativa, calificándola de “justicia histórica”. Por su parte, el demócrata Adam Smith, miembro del Comité de Servicios Armados, advirtió que “acusar criminalmente a Castro es una cosa; intentar matar de hambre al pueblo cubano es otra”.
El gobernador de Florida, Ron DeSantis, respaldó la medida en la red social X con el mensaje “Let ‘er rip, it’s been a long time coming!”. Asimismo, el senador republicano Rick Scott instó al Departamento de Justicia a presentar cargos contra el exlíder cubano.
Mientras tanto, el fiscal general de Florida, James Uthmeier, reabrió a principios de año la investigación estatal sobre el derribo de las avionetas, que había sido archivada hace más de una década.
Raúl Castro, quien dejó la presidencia del Partido Comunista en 2012, sigue siendo una figura influyente en la política cubana. Su posible acusación en un tribunal estadounidense representa un nuevo capítulo en la larga confrontación entre Washington y La Habana, que ahora se extiende a la esfera judicial internacional.