La OMS declaró el 15 de mayo una emergencia de salud pública ante el brote de ébola en la República Democrática del Congo (RDC) y Uganda, donde se han registrado más de 300 casos y 88 muertes. La alerta no cumple con los criterios de pandemia, pero ha motivado el refuerzo de controles sanitarios y el cierre de fronteras, como el implementado por Ruanda.
El agente causante es la cepa Bundibugyo, una variante rara que hasta la fecha no cuenta con vacunas ni tratamientos aprobados. Según la Unión Africana, el virus comenzó a circular a finales de abril en la provincia congoleña de Ituri. La detección tardía, señalada por el Dr. Jean Kaseya de los CDC de África, permitió que el brote se expandiera rápidamente.
El primer caso conocido fue un hombre de 59 años que presentó síntomas el 24 de abril y falleció el 27 del mismo mes. Cuando las autoridades fueron alertadas vía redes sociales el 5 de mayo, ya se habían contabilizado 50 fallecimientos.
Históricamente, la cepa Bundibugyo se ha detectado en tres brotes: en Uganda (2007‑2008) con 149 infectados y 37 muertos; en la RDC (2012) con 57 casos y 29 fallecidos; y ahora en 2024, con la mayor mortalidad registrada.
El ébola se transmite por fluidos corporales (sangre, vómito, semen) y en rituales funerarios que implican contacto directo con cadáveres. Los síntomas iniciales incluyen fiebre, dolor de cabeza, dolor muscular y, en algunos pacientes, hemorragias internas y externas.
Ante la ausencia de una vacuna específica, los CDC de África están evaluando la vacuna Ervebo, aprobada contra la cepa Zaire, para una posible "protección cruzada". Las pruebas preliminares indican una eficacia cercana al 50 %. Además, las farmacéuticas Oxford y Moderna están desarrollando prototipos dirigidos a Bundibugyo, aunque aún no se han probado en humanos y podrían tardar años en estar disponibles.
La respuesta internacional incluye el envío de 18 toneladas de suministros médicos desde Dakar y Nairobi, que serán transportados por vía aérea y terrestre bajo escolta de la misión de paz de la ONU. Los recursos comprenden equipos de protección personal, kits de diagnóstico, carpas y camas de hospital.
El conflicto armado con milicianos, algunos vinculados al Estado Islámico, y los desplazamientos poblacionales por la minería en la zona complican la labor de los equipos de respuesta, que ya han sido desplegados por los CDC de África.