En una acción coordinada bajo la Operación Cinturón de Fuego, las fuerzas de seguridad guatemaltecas localizaron y desmantelaron en la comunidad de Zanjón San Lorenzo, municipio de Ayutla, departamento de San Marcos, el mayor laboratorio de cocaína intervenido en los últimos quince años.
El complejo, compuesto por tres inmuebles interconectados, contaba con la capacidad tecnológica para ejecutar todo el proceso de producción de la droga, desde la extracción de la hoja de coca hasta la obtención de pasta y clorhidrato. El ministro de la Defensa Nacional, Henry Sáenz, señaló que el hallazgo supera al último gran decomiso registrado en 2019 en El Estor, Izabal, donde solo se llegaba a la fase de pasta.
Durante la incautación se detuvieron a ocho personas y se confiscaron 14 fusiles de asalto de uso militar, tres pistolas calibre 9 mm, mil 306 cartuchos, así como 74,461 quetzales (≈ 9,600 USD), 26,787 dólares estadounidenses y 118 pesos mexicanos en efectivo.
Paralelamente, bajo la Operación Relámpago 10 en la aldea Los Laureles, municipio de Las Cruces, departamento de Petén, se incautaron 12 fusiles de asalto, dos pistolas, un lanzacohetes, tolvas, municiones, dos silenciadores y un vehículo, además de aproximadamente 16,000 matas de almácigo de marihuana y una plantación de la hierba.
En el puerto de Puerto Quetzal, Escuintla, agentes antinarcóticos interceptaron dos contenedores procedentes de Costa Rica que ocultaban 125 paquetes de cocaína, equivalentes a 149 kg, valorados en 20,249,100 quetzales (≈ 2.6 millones USD). El alijo estaba camuflado entre chatarra, lo que evidencia la sofisticación de las rutas de tráfico.
El ministro Sáenz reiteró que estos operativos forman parte de una estrategia integral para blindar la frontera guatemalteca con México y frenar el avance del crimen organizado, que ha incrementado su presencia en la zona sur‑occidental del país.