La ciudad que se autodenomina la capital mundial del pollo depende en gran medida de la mano de obra mexicana. Desde la línea de sacrificio hasta los cortes gourmet que llegan a supermercados y restaurantes, cientos de migrantes trabajan en turnos nocturnos bajo frío constante, cuchillos afilados y estrictas normas sanitarias.
Reveriano Barragán, originario de Sinaloa, lleva más de un año en la planta de Trilogy Foods. “Esto es por mi hijo”, declaró al retirarse del área de producción, explicando que, aunque la vida en Culiacán le ofrecía oportunidades limitadas, en Georgia gana lo suficiente para mantener a su familia y evitar la violencia que azota a su comunidad.
Trilogy Foods procesa diariamente alrededor de 91 mil kilos de pollo, bajo la dirección de tres socios: el guanajuatense Juan Carlos Lomas, el zacatecano Manuel Hernández y el estadounidense Kenny Andrews. Lomas, quien también emigró como niño desde Sombrerete, Zacatecas, conoce cada etapa de la cadena productiva, desde el sacrificio hasta la congelación y el empaquetado.
La industria avícola de Georgia, que incluye a gigantes como Pilgrim’s, Mar Jac Poultry, Fieldale Farms y Koch Foods, genera aproximadamente 12 millones de kilos de pollo al día y aporta 28 mil millones de dólares al estado, según la Oficina Agrícola de California. Ninguna parte del ave se desperdicia: huesos, grasa y plumas se convierten en aceites industriales, fertilizantes y alimento para animales.
En Trilogy Foods, la vigilancia sanitaria es permanente. Amy Arellano, gerente de Calidad, supervisa la desinfección, el uso de gorros, cubrebocas y guantes naranjas, mientras un representante del Departamento de Agricultura de EE. UU. vigila el cumplimiento de normas federales.
Los trabajadores, mayoritariamente mexicanos pero también venezolanos, guatemaltecos, hondureños, brasileños y salvadoreños, forman una comunidad que, pese al silencio que impera en la línea de producción, mantiene la vista fija en la mesa y el cuchillo, afinando cada corte para cumplir con especificaciones de peso y tamaño exigidas por los clientes.
Esta binacionalidad laboral no solo sostiene la economía local, sino que también abre oportunidades de desarrollo educativo. Arellano, nacida en Los Ángeles y criada en Georgia, estudia Ciencias Agrícolas y Avícolas, inspirada por la realidad productiva de su ciudad.