La escasez de agua en Cuba se ha intensificado en los últimos meses, afectando a unos 2.7 millones de personas que dependen del sistema de Recursos Hidráulicos, el cual funciona con apenas el 37 % del combustible requerido para bombear, tratar y distribuir el líquido vital.
Durante una mesa redonda celebrada el 27 de mayo, Antonio Rodríguez, presidente del Instituto Nacional de Recursos Hidráulicos (INRH), señaló que el bloqueo impuesto por Estados Unidos es el principal factor que ha reducido la disponibilidad de energía en el sector, el mayor consumidor de combustible del país.
El INRH necesita energía eléctrica para el bombeo y, además, combustible para actividades esenciales como la desobstrucción de redes, la limpieza de fosas y la supresión de salideros. La falta de insumos químicos, cuya importación está paralizada, agrava la situación.
En términos financieros, el instituto solía adquirir piezas y equipos por alrededor de 100 millones de dólares al año. En el último año, esa cifra se redujo a apenas 10 millones, debido a la interrupción total de créditos internacionales.
El problema no es nuevo, pero la presión se ha intensificado desde que, en enero, EE. UU. incrementó las sanciones y, bajo la administración de Donald Trump, decretó un cerco petrolero que amenaza a cualquier país que mantenga relaciones comerciales con la isla.
Como resultado, la población cubana, ya afectada por una década de crisis económica, inflación y desabastecimiento, sufre apagones de hasta 20 horas diarias. Muchos proveedores mantienen sus contratos en “compás de espera”, mientras evalúan la viabilidad de entregar suministros ante las trabas bancarias y logísticas.
En La Habana, barrios como Habana Vieja, Lawton y 10 de Octubre reciben cisternas de agua de forma intermitente. Testimonios de residentes, como la maestra Magaly Ribial (60 años) y la anciana Dayse Izquierdo (95 años), revelan que algunos barrios pasan días sin recibir agua, dependiendo de la llegada de camiones cisterna, conocidos localmente como “pipas”.
Rodríguez admitió que solo una “pequeña parte” de las operaciones del INRH cuenta con sistemas alternativos, como la energía fotovoltaica. Aunque el gobierno está impulsando un programa acelerado de energía solar, los expertos advierten que la inversión requerida es elevada y los resultados tardarán en materializarse.
Cuba produce apenas el 40 % del combustible que necesita y su infraestructura hidráulica está envejecida, con estaciones de bombeo sobrecargadas, sobre todo en ciudades como La Habana, Santiago de Cuba y Matanzas. Además, en edificios altos se requiere energía eléctrica para elevar el agua a los tanques de almacenamiento, lo que se vuelve imposible durante los frecuentes cortes de luz.
La combinación de sanciones, falta de crédito, escasez de combustible y una infraestructura deteriorada coloca a la población cubana en una situación de vulnerabilidad extrema, donde el acceso al agua potable se vuelve un privilegio cada vez más escaso.