El presidente Luiz Inácio Lula da Silva condenó enérgicamente la medida tomada por el gobierno de Estados Unidos, que el pasado jueves designó a las dos mayores facciones criminales de Brasil —el Primeiro Comando da Capital (PCC) y el Comando Vermelho (CV)— como organizaciones terroristas.
Lula sostuvo que la designación constituye una intromisión en la soberanía brasileña y recordó que la lucha contra esas organizaciones debe desarrollarse desde dentro del país. El mandatario, quien busca la reelección en octubre, había manifestado su oposición a la medida durante su visita a la Casa Blanca, donde sostuvo una reunión de tres horas con el presidente Donald Trump y compartió documentos sobre la lucha contra el crimen organizado.
El vicepresidente brasileño, Geraldo Alckmin, advirtió que la designación podría generar repercusiones en el sistema financiero y la economía del país, sin aportar soluciones efectivas al problema de la inseguridad, que sigue siendo la mayor preocupación de la población.
Desde la llegada de Trump a la Casa Blanca en enero de 2025, EE. UU. ha ampliado su política de designar como terroristas a organizaciones del crimen transnacional, incluyendo a los cárteles mexicanos de Sinaloa y Jalisco Nueva Generación, y al grupo venezolano Tren de Aragua. La designación permite a Washington ejecutar operaciones policiales, de inteligencia y contrainsurgencia contra los líderes y activos de dichas organizaciones a nivel global.
Las últimas encuestas sitúan a Lula ligeramente por encima de Bolsonaro, lo que sugiere que la polémica sobre la designación de terroristas no ha alterado significativamente el panorama electoral, aunque sí ha intensificado el debate sobre la soberanía y la seguridad nacional.