En una audiencia del Senado el martes, el secretario de Estado de Estados Unidos, Marco Rubio, de origen cubano, acusó a la isla caribeña de patrocinar el terrorismo y de albergar instalaciones de inteligencia al servicio de China y Rusia. Las declaraciones surgieron al responder a la pregunta sobre la decisión del presidente Donald Trump de reinstaurar a Cuba en la lista de países patrocinadores del terrorismo, medida que revocó la administración de Joe Biden en los últimos días de su mandato.
Rubio señaló que Cuba habría apoyado a grupos de choque y organizaciones terroristas de izquierda en el hemisferio occidental, citando al Ejército de Liberación Nacional (ELN), a las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) y a sus disidentes. Además, afirmó que la isla "continúa albergando una cantidad considerable de instalaciones de inteligencia para la recopilación de información en nombre de China y Rusia".
El funcionario subrayó que la política de la administración Trump ha intensificado la presión sobre La Habana, incluyendo un bloqueo petrolero que, según él, agrava la crisis económica cubana. También mencionó amenazas de "tomar el control" del país, aunque no especificó planes concretos.
Cuba, por su parte, denunció que las acusaciones carecen de fundamento y reiteró que cualquier cambio interno debe ser decidido por el pueblo cubano. La isla acusó a EE. UU. de preparar una agresión militar y recordó que Washington y La Habana han mantenido contactos para buscar una salida al conflicto.
El debate se produce en un contexto de tensiones crecientes en la región, donde la rivalidad entre Estados Unidos y China se extiende a la esfera de la seguridad y la influencia política. La posición de Rubio refleja la postura más dura de la administración Trump respecto a la política cubana, mientras que la comunidad internacional observa con cautela los posibles efectos de una escalada diplomática.