Rusia desató un ataque a gran escala contra Ucrania en la madrugada del martes, lanzando 656 drones y 73 misiles balísticos, según la Fuerza Aérea ucraniana. De esos proyectiles, las defensas ucranianas lograron derribar 602 drones y 40 misiles, aunque la mayoría de los misiles balísticos resultó más difícil de interceptar.
El bombardeo dejó al menos 18 muertos en todo el país, con seis víctimas en la capital, Kiev, donde se escucharon sirenas de alerta aérea y se registraron fuertes explosiones que dejaron a parte de la ciudad sin suministro eléctrico. Las autoridades locales reportaron también 66 heridos en Kiev y al menos 12 fallecidos, entre ellos un niño, y 35 heridos en la ciudad industrial de Dnipró.
Los objetivos del ataque incluyeron instalaciones del complejo militar‑industrial en Kiev, Zaporiyia, Járkov y Dnipropetrovsk, así como infraestructuras energéticas y de transporte vinculadas al ejército ucraniano. El ejército ruso describió el operativo como un “ataque masivo” con armas de alta precisión, incluidos proyectiles hipersónicos, y lo justificó como respuesta a los supuestos “actos terroristas” del gobierno de Kiev.
El presidente ucraniano, Volodímir Zelenski, solicitó mayor apoyo de Washington y el desarrollo de sistemas de defensa aérea europeos, tras la limitada intercepción de los misiles. En el este del país, una maternidad en Odesa fue alcanzada, aunque sin víctimas mortales.
En el lado ruso, un civil falleció en la región de Kursk tras un ataque con drones ucranianos, y se registró un incendio en la refinería de Ilski, en Krasnodar, también atribuido a drones.
Este episodio se produce en el marco de una ofensiva rusa que lleva vigente desde febrero de 2022, con un incremento notable de ataques con drones y misiles en los últimos meses. En mayo, Rusia lanzó 211 misiles y más de 8,150 drones de largo alcance contra Ucrania, superando los niveles de los meses anteriores y a pesar de una breve tregua anunciada por el presidente estadounidense Donald Trump.