La federación de fútbol de Irán, bajo la dirección del presidente Mehdi Taj, excomandante del Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica, ha señalado graves dificultades para que su selección participe en la Copa Mundial 2026, que se disputará en Estados Unidos, Canadá y México.
Los problemas se centran en la falta de aprobación de los visados necesarios para que el equipo pueda viajar a los Estados Unidos, donde tiene programados tres partidos, incluido su debut contra Nueva Zelanda en Los Ángeles el 15 de junio. Ante la incertidumbre, la FIFA acordó trasladar la base de entrenamiento del conjunto iraní de Tucson, Arizona, a Tijuana, México, a fin de reducir el tiempo que el equipo deba permanecer en territorio estadounidense.
En una entrevista por videollamada, Taj culpó a EE. UU. de la “nube de ambigüedad” que envuelve la participación iraní, recordando que la guerra iniciada a finales de febrero y los recientes bombardeos en territorio iraní han agravado la situación diplomática. Taj también criticó la intervención de un país anfitrión que, según él, no debería obstaculizar los preparativos de los equipos clasificados.
El organismo rector del fútbol, FIFA, ha mantenido conversaciones con autoridades iraníes. El presidente Gianni Infantino visitó Turquía en marzo para apoyar al equipo, y el director ejecutivo Mattias Grafström se reunió con funcionarios iraníes el mes pasado. Sin embargo, el secretario de Estado de EE. UU., Marco Rubio, advirtió que no se permitirá la entrada de entrenadores y funcionarios vinculados a la Guardia Revolucionaria, considerada organización terrorista por Washington y Ottawa.
Irán, tercer clasificado de la zona asiática, es el primer equipo que compite en un Mundial donde uno de los anfitriones está en conflicto abierto con una nación participante. El equipo, que entrenó en el suroeste de Turquía durante gran parte del mes pasado, jugará un último amistoso contra Malí antes de partir a Norteamérica.
La situación sigue siendo volátil y dependerá de la resolución de los trámites de visado y de la disposición de EE. UU. para permitir la entrada del plantel iraní, un tema que podría repercutir en la imagen del torneo y en la diplomacia deportiva internacional.