El pontífice León XIV, en la recta final de su viaje a España, llegó hoy a Arguineguín, en Gran Canaria, para denunciar que el mar que separa África de Europa se ha convertido en un “cementerio sin lápidas”. En el evento titulado “Entre las dos orillas”, el Papa subrayó que Europa no puede acostumbrarse a contar muertos y recordó que la dignidad humana no tiene pasaporte.
León XIV señaló la existencia de “monstruos” que acechan estos mares: mafias que trafican con la desesperación, tratantes que esclavizan a mujeres y niños, y la indiferencia de quienes permiten que los pobres sean tragados por la explotación o el olvido. La Iglesia, afirmó, no puede desentenderse de la realidad de los migrantes que arriesgan la vida en pateras de madera.
Esta visita cumple el deseo del difunto Papa Francisco, quien falleció en abril de 2025 sin haber podido viajar a las islas. Era una de sus mayores pendientes, pues consideraba a Canarias una de las “puertas de entrada” para los migrantes africanos que, en su mayoría, llegan a bordo de cayucos que a menudo no logran tocar tierra.
El muelle de Arguineguín, conocido como el “muelle de la vergüenza”, ha sido escenario de campamentos improvisados durante la pandemia y de huelgas de hambre de migrantes que reclaman mejores condiciones. Tras la visita, el Papa se trasladó a Las Palmas de Gran Canaria, donde recibió la llave de oro de la ciudad, visitó la Catedral de Santa Ana y oficiará una misa multitudinaria en el Estadio de Gran Canaria.
El viernes por la mañana, León XIV volará a Tenerife, donde mantendrá agenda hasta el mediodía antes de regresar a Roma, dejando un llamado urgente a la comunidad internacional para que actúe frente a la tragedia migratoria en el estrecho de Gibraltar.