En la jornada inaugural del Mundial 2026, el estadio SoFi de Inglewood recibió a miles de aficionados para el partido inaugural de la selección de Estados Unidos contra Paraguay. A diferencia de otras ciudades, la Agencia de Inmigración y Control de Aduanas (ICE) decidió pausar sus redadas en la zona, limitándose a labores de vigilancia y seguridad ante la huelga de trabajadores que amenazaba con afectar el consumo dentro del recinto.
La seguridad del evento estuvo a cargo de un amplio conjunto de autoridades federales y locales: Marshals, el Servicio de Aduanas y Protección Fronteriza (CBP), la policía montada y, por supuesto, agentes de ICE. Estos últimos, aunque presentes, no realizaron detenciones; su única instrucción fue garantizar la tranquilidad de los asistentes.
El ambiente fue una muestra del crisol cultural que caracteriza a Los Ángeles. Desde familias mexicoamericanas hasta peruanos, guatemaltecos y otros latinoamericanos, la afición portó con orgullo la camiseta de las barras y las estrellas, mientras que jugadores como Cristian Roldán (ascendencia salvadoreña y guatemalteca) y Ricardo Pepi (raíces mexicanas) representaron la diversidad dentro del propio equipo norteamericano.
El fan fest instalado en el Coliseo de Los Ángeles y las pantallas en parques y plazas públicas atrajeron a miles de espectadores que, sin interrupción laboral, siguieron el partido desde sus lugares de trabajo. Organizaciones comunitarias alertaron a los asistentes sobre la posible interacción con agentes migratorios, pero la pasión futbolera prevaleció y el evento se desarrolló sin incidentes mayores.
En resumen, el debut de EE. UU. en el Mundial 2026 demostró que, aun bajo la sombra de la incertidumbre migratoria, la seguridad coordinada y la unión de diversas comunidades pueden garantizar una celebración deportiva exitosa.