Durante la cumbre del G7 celebrada en Évian, Francia, se filtró una conversación entre el presidente de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva, la directora del FMI, Kristalina Georgieva, y el canciller alemán, Friedrich Merz. En ese intercambio, Lula declaró que "nunca fui de izquierda" y se deslindó de cualquier afiliación ideológica que lo encuadre en la izquierda tradicional.
El mandatario explicó que el Partido Republicano de EE. UU. ha permanecido en el poder más tiempo que la bancada demócrata y, aún más, que los socialistas, lo que, según él, evidencia que la izquierda no es sinónimo de progreso. Añadió que el mundo "no es de izquierda" y que la etiqueta resulta "triste" y poco útil.
El discurso de Lula se inserta en su trayectoria como exlíder sindical de la década de 1960, cuando ingresó a la fábrica metalúrgica de Villares y, bajo la influencia de su hermano José Ferreira da Silva, militante del Partido Comunista Brasileño, se incorporó al sindicato de São Bernardo do Campo. En 1980 fundó, junto a otros dirigentes, el Partido de los Trabajadores (PT), con una agenda de transformación económica, social y cultural.
A pesar de su pasado, el presidente ha sido electo tres veces (2003, 2007 y 2023) y ha impulsado políticas de agenda progresista: programas sociales, derechos laborales y reducción de la desigualdad. En su intervención ante el G7, sin embargo, criticó el resurgimiento del proteccionismo y del unilateralismo, señalando que estas prácticas agravan la brecha entre las economías desarrolladas y los países del Sur global.
Lula también acusó al neoliberalismo de profundizar la concentración de la riqueza y de generar crisis políticas en numerosas democracias. Subrayó la insuficiencia de recursos destinados al desarrollo sostenible y a la lucha contra el cambio climático, y pidió al presidente de EE. UU. que no intervenga en las elecciones brasileñas, al igual que Brasil no se entrometerá en los procesos electorales estadounidenses.
La conversación, captada por los micrófonos abiertos de la cumbre, revela la intención de Lula de distanciarse de la etiqueta de izquierda para posicionarse como un líder pragmático que busca soluciones globales más allá de la ideología.