Un terremoto de magnitud 6.5, según el Servicio Geológico de Estados Unidos (USGS), y de 6.6 en el reporte preliminar de Protección Civil, sacudió la isla de Mindanao este viernes, provocando temores de nuevos daños tras la serie de sismos que ha azotado la región en las últimas semanas.
El sismo se originó a una profundidad de 62 kilómetros y su epicentro se ubicó a 35 kilómetros al suroeste de la localidad de Balangonan, en el sur de Mindanao. Las autoridades locales han activado los protocolos de emergencia y advierten sobre la posibilidad de daños estructurales, cortes de energía y interrupciones en las comunicaciones.
Este temblor se suma a la actividad sísmica que ha golpeado la zona en el mes en curso, destacándose el terremoto de magnitud 7.8 ocurrido a principios de mayo, que cobró 81 vidas, dejó 31 desaparecidos y afectó a más de un millón de personas. La recurrencia de sismos de alta magnitud ha reavivado la preocupación en una región ya vulnerable por su ubicación geográfica.
Filipinas se encuentra dentro del Cinturón de Fuego del Pacífico, una zona de convergencia de varias placas tectónicas que genera frecuentes terremotos y erupciones volcánicas. Cada año el país registra miles de sismos, aunque la mayoría son de baja intensidad. Los movimientos de mayor magnitud, como los recientes, suelen producir daños significativos, sobre todo en el sur del archipiélago, donde la infraestructura es más frágil.
Las autoridades de Protección Civil han recomendado a la población mantenerse alerta, revisar las estructuras de sus viviendas y seguir las indicaciones de los equipos de rescate. Se ha solicitado a los residentes que eviten desplazarse a zonas de riesgo y que mantengan a mano kits de emergencia.
Mientras tanto, los equipos de respuesta continúan evaluando los daños y monitoreando la actividad sísmica para anticipar posibles réplicas. La comunidad internacional ha ofrecido apoyo técnico y humanitario para reforzar los esfuerzos locales.