Seis días después de los devastadores terremotos de magnitud 7.2 y 7.5 que sacudieron Venezuela, el país registra al menos 1,450 muertos y 3,150 heridos. Más de 50,000 personas siguen desaparecidas, buscadas por sus familiares.
Las labores de rescate se han intensificado: 2,600 rescatistas provenientes de Venezuela y de otras naciones, entre ellas misiones internacionales, trabajan a contrarreloj para localizar sobrevivientes bajo los escombros, especialmente en el estado La Guaira.
Una réplica de magnitud 4.6 (según el Servicio Geológico de EE. UU.) o 5.1 (según el Servicio Geológico de Colombia) se registró a las 7:01 a.m. hora local, a 27 km al norte de Caraballeda, reavivando los temores y complicando las operaciones de salvamento.
El gobierno venezolano ha desplegado más de 14,000 militares y policías para patrullar la zona, aunque el acceso sigue restringido y requiere permisos especiales. La Agencia de la ONU para la Migración advierte que hasta 6.8 millones de personas podrían verse afectadas, y la Organización Internacional para las Migraciones colabora con el gobierno y organizaciones humanitarias para coordinar la respuesta.
La población ha expresado frustración e ira por la percibida inoperancia del Estado en los primeros días del desastre, mientras la comunidad internacional intensifica su apoyo logístico y técnico.