El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, reiteró en su plataforma Truth Social que Irán ha solicitado una reunión que se celebrará mañana en Doha, Qatar. La afirmación llega en medio de una escalada de hostilidades que ha puesto a prueba el alto el fuego acordado el 21 de junio entre ambas naciones.
En los últimos días, Irán y Estados Unidos se han intercambiado ataques aéreos: fuerzas estadounidenses bombardearon objetivos militares en la costa sur iraní, mientras Teherán respondió con misiles contra bases estadounidenses en Kuwait y Baréin. A pesar de la violencia, ambas partes habían firmado una hoja de ruta de 60 días para avanzar hacia un acuerdo nuclear y una paz duradera, tras el memorando de entendimiento que puso fin a más de 100 días de guerra y reabrió el estrecho de Ormuz.
El viceministro de Relaciones Exteriores de Irán, Kazem Gharibabadi, había declarado en Omán que no estaban programadas reuniones técnicas para la semana y que cualquier nueva ronda de conversaciones se llevaría a cabo solo cuando se cumplieran “las condiciones necesarias” y se acordaran fecha y lugar. La discrepancia entre ambas declaraciones genera incertidumbre sobre la viabilidad de la supuesta reunión en Doha.
El portal estadounidense Axios informó la noche del domingo que Estados Unidos e Irán habían acordado detener los bombardeos recientes y reunirse en Catar esta semana. Sin embargo, la falta de confirmación oficial por parte de Teherán y la persistente retórica beligerante de Washington ponen en duda la concreción del encuentro.
Mientras tanto, Irán sigue insistiendo en ejercer control exclusivo sobre el tránsito marítimo en el estrecho de Ormuz, una posición que Washington ha calificado de “inaceptable” y ha amenazado con continuar sus operaciones militares en la zona.
La comunidad internacional observa con atención los próximos pasos de ambas partes, pues cualquier avance o retroceso en Doha podría influir significativamente en la estabilidad del Golfo Pérsico y en la seguridad energética mundial.