Al menos 27 personas perdieron la vida y 91 resultaron heridas tras una masiva ofensiva rusa que combinó 74 misiles, entre ellos 24 Iskander‑M, y 496 drones, según informó el jefe de la administración militar de la capital, Tymour Tkachenko. El ataque, catalogado por la ONU como el de mayor envergadura desde la escalada de la guerra en febrero de 2022, constituye el peor bombardeo contra la ciudad en los últimos cuatro años de conflicto.
El secretario general de la Organización de las Naciones Unidas, António Guterres, condenó enérgicamente la acción, calificándola de “inaceptable” y “una grave violación del derecho internacional humanitario”. Guterres urgió a ambas partes a iniciar una desescalada que conduzca a un alto el fuego total, inmediato e incondicional, y reiteró la necesidad de proteger a la población civil.
El coordinador humanitario de la ONU en Ucrania, Matthias Schmale, advirtió que estos bombardeos intensifican el trauma psicológico de la población, ya profundamente marcada por años de violencia. “Los ataques a zonas densamente pobladas forman parte de una tendencia letal que debe ser detenida”, señaló Schmale en declaraciones a la prensa.
Rusia, por su parte, justificó el bombardeo como una respuesta a los recientes ataques de largo alcance realizados por Ucrania, los cuales, según el Ministerio de Defensa ruso, han provocado una grave escasez de combustible y presionado al presidente Vladimir Putin. En el mismo comunicado, Moscú informó haber derribado 327 drones ucranianos sobre 18 regiones de su territorio y zonas ocupadas, así como sobre el Mar Negro y el Mar de Azov.
El conflicto, que ya supera los cuatro años, vive uno de sus momentos más críticos. La comunidad internacional sigue llamando a la diplomacia y al respeto de los derechos humanos, mientras la población de Kiev enfrenta la devastación y el miedo tras el ataque más letal desde el inicio de la invasión.