La tragedia se desencadenó el 24 de junio cuando el vuelo 164, operado por GlobalX, aterrizó en el Aeropuerto Internacional Simón Bolívar con 146 venezolanos recién deportados de Estados Unidos: 120 hombres, 19 mujeres y siete menores. Bajo custodia de autoridades venezolanas fueron trasladados al hotel El Santuario La Llanada, en La Guaira, mientras se gestionaban los trámites de repatriación.
Al día siguiente, dos fuertes terremotos sacudieron la zona costera. El hotel colapsó y la zona quedó bajo control del Servicio Bolivariano de Inteligencia Nacional (SEBIN), impidiendo el acceso a familiares y a equipos de rescate.
Familiares de los deportados subieron fichas de búsqueda a la plataforma de la editorial, añadiendo nombres y fotografías de los desaparecidos. Hasta el momento, ninguna autoridad venezolana ha emitido un comunicado oficial que confirme fallecimientos, supervivencia o la devolución de los cuerpos a los familiares.
El origen de la situación se remonta a octubre pasado, cuando la Corte Suprema de EE. UU. confirmó la política de la administración Trump que anuló el Estatus de Protección Temporal (TPS) para alrededor de 300,000 venezolanos. Desde entonces, EE. UU. ha realizado vuelos de deportación periódicos, como el que transportó a este grupo.
La falta de información oficial y la incertidumbre sobre el destino de los 146 migrantes subrayan la vulnerabilidad de los desplazados forzosos y la necesidad de una respuesta humanitaria clara por parte de ambos gobiernos.