Denver ha perdido el 82 % de los murales que representan la historia del movimiento chicano en la ciudad. La mayoría fueron cubiertos con pintura blanca o demolidos al renovarse edificios, dejando a sólo seis obras del reconocido artista Emanuel Martínez, de 79 años, y a unas cuantas piezas de otros pintores como Jerry Jaramillo, David Oceótl García y Leo Tanguma.
Desde un andamio suspendido por una grúa, Martínez recorre La Alma –el barrio Lincoln Park– restaurando colores descoloridos y aplicando recubrimientos protectores para prolongar la vida de los murales que aún sobreviven. A su lado trabajan su hija Lucha y el joven artista Diego Flórez, quienes añaden trazos críticos contra la gentrificación que, según ellos, busca borrar la historia latina de la zona.
El origen de la comunidad chicana en Denver se remonta a la época posterior al Tratado de Guadalupe‑Hidalgo (1848) y a la ruta del Camino Real de Tierra Adentro, cuando familias mexicanas llegaron a la región desde el siglo XVI. El barrio creció en los años 60 y 70 con inmigrantes que huían del racismo y con descendientes de la Revolución Mexicana, convirtiéndose en un epicentro cultural que hoy se ve amenazado.
En 2021 la ciudad creó el Distrito Histórico‑Cultural de La Alma‑Lincoln Park, el primer distrito dedicado al movimiento chicano de los años 60‑70, y la concejal Amanda Sandoval impulsó la restitución del nombre original de La Raza Park. Sin embargo, la presión inmobiliaria continúa: nuevos propietarios derriban muros o los cubren con pintura, mientras la gentrificación avanza y desplaza a los residentes originales.
Los residentes, incluidos niños que participaron en la creación de murales como “Learning from the Past, Focused on the Future”, siguen documentando sus nombres como coautores, intentando preservar la memoria colectiva. Organizaciones comunitarias y activistas exigen mayor acción municipal para proteger los murales restantes y evitar la pérdida irreversible de la identidad latina en Denver.