EE. UU. intensificó su campaña militar contra Irán a primera hora del jueves 9 de julio, bombardeando alrededor de 90 objetivos, entre instalaciones portuarias, pistas de aeropuerto y lanzadores de misiles. El Mando Central militar estadounidense justificó la ofensiva como una medida para "degradar aún más" la capacidad de Irán de amenazar la libertad de navegación en el estrecho de Ormuz, vía crucial por la que transita una quinta parte del petróleo y gas natural mundial.
Los ataques se produjeron tras la declaración del presidente Donald Trump de que los recientes ataques iraníes contra buques en el estrecho señalaban el fin del frágil alto el fuego. La noche anterior, Irán había disparado contra varios buques mercantes frente a la costa de Omán, lo que desencadenó la primera oleada de bombardeos estadounidenses.
Respuesta iraní contra el Golfo: en represalia, Teherán lanzó misiles contra tres estados árabes –Bahréin, Kuwait y Catar–, sin que se confirmaran daños materiales inmediatos. Las sirenas sonaron al menos tres veces en Bahréin, sede del cuartel general de la 5.ª Flota de la Marina de EE. UU.
Los medios estatales iraníes reportaron explosiones en varios puntos del país, incluyendo la central nuclear de Bushehr y los puertos del sur (Chabahar, Konarak, Bandar Abbas y Sirik). En la provincia de Juzestán murieron al menos tres personas, y en Iranshahr falleció un bombero en un aeropuerto. Además, se informó de ataques a puentes ferroviarios en Golestán y en la ruta hacia Mashhad.
Según el Ministerio de Salud iraní, al menos 14 personas han muerto y 78 resultaron heridas en los ataques de los últimos dos días, de los cuales 47 siguen hospitalizados.
Esta escalada militar pone en peligro el acuerdo provisional que buscaba poner fin a la guerra en el Golfo Pérsico y aumenta la incertidumbre sobre la estabilidad de la región.