Un ataque aéreo israelí en el barrio de Sabra dejó como saldo mortal a Mohamed Al‑Wahidi, de 65 años, alto funcionario del Comité Egipcio de Ayuda para Gaza, y a tres víctimas más, entre ellas los niños Fari y Hamza Al‑Deri, de ocho y diez años.
Al‑Wahidi había organizado la instalación de pantallas gigantes para que cientos de habitantes de la Franja pudieran ver los partidos de la Copa Mundial mientras la selección egipcia se enfrentaba a Argentina. El bombardeo coincidió con el primer tiempo del encuentro, que se jugaba en Atlanta, a más de 10 000 km de distancia.
Según informes del Comité Egipcio y de The Associated Press, el misil impactó un automóvil conducido por Ahmed Daghmush, de 33 años, y la explosión alcanzó a Al‑Wahidi y a los niños Al‑Deri. Las Fuerzas de Defensa de Israel (FDI) alegaron que el objetivo era un presunto miembro de Hamás, sin especificar su identidad, y que Al‑Wahidi no era el blanco del ataque.
El Comité Egipcio describió a Al‑Wahidi como “un hombre de reconciliación social, figura nacional muy conocida, que trabajó incansablemente por la tolerancia y la fraternidad entre el pueblo palestino”. Sus restos, junto con los de las demás víctimas, fueron entregados al Hospital Al‑Shifa, que lleva en ruinas desde abril de 2024, según la OMS.
Durante la Copa Mundial, el seguimiento de los partidos se ha convertido en un acto de resistencia y esperanza para la población de Gaza. El apoyo a la selección egipcia creció tras su avance a octavos de final; el entrenador Hossam Hassan ondeó la bandera palestina en el estadio de Dallas después de vencer a Australia.
El incidente subraya la vulnerabilidad de la infraestructura civil en Gaza y el alto costo humano de la guerra, aun en momentos de celebración deportiva.