El Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE) se negó a publicar el nombre del agente que disparó contra Lorenzo Salgado Araujo, un trabajador mexicano que falleció el 7 de julio durante una detención de tráfico en Houston, Texas. Según el Departamento de Seguridad Nacional (DHS), la divulgación del nombre podría exponer al agente y a su familia a amenazas y violencia.
Los testigos —tres hombres que viajaban en la misma camioneta— declararon que el agente disparó a través de la ventanilla del pasajero sin que el oficial estuviera bajo amenaza. Sin embargo, ICE no ha respondido a solicitudes de información adicional, como el tiempo de servicio del agente o si se encuentra bajo licencia administrativa.
La familia de Salgado Araujo, quien llevaba más de 35 años residiendo en EE. UU. y estaba a punto de regularizar su estatus migratorio, se enteró de su muerte mediante un comunicado de ICE, no por la agencia directamente. La representante demócrata Sylvia García señaló que los agentes se quedaron con sus pertenencias y lo trasladaron al hospital, donde falleció.
Ante la ausencia de pruebas visuales, la Liga de Ciudadanos Latinoamericanos Unidos ofreció una recompensa de 5,000 dólares por videos o cualquier evidencia del tiroteo. El fiscal del condado de Harris, Sean Teare, ha estado recabando testimonios y grabaciones de vigilancia, aunque los fiscales de Houston no fueron invitados a la investigación federal.
El alcalde de Houston, John Whitmire, exigió una investigación local independiente y anunció que el jefe de policía se reunirá con autoridades federales para explorar opciones. Mientras tanto, el FBI mantiene bajo estricto control la evidencia del caso.
El incidente reaviva la polémica sobre la política migratoria del gobierno de Donald Trump y el aumento de arrestos migratorios, que alcanzó 10,000 en cinco días tras una financiación masiva del Congreso. El DHS no ha presentado pruebas que respalden la versión del agente de que Salgado Araujo habría embistido un vehículo de ICE ni que el disparo fue en defensa propia.
Este hecho marca al menos el octavo fallecimiento de un migrante durante una operación de ICE en los últimos meses, intensificando las críticas a la falta de transparencia y a la ausencia de cámaras corporales en los agentes involucrados.