La psicóloga colombiana Catalina Giraldo falleció el 9 de julio de 2026 después de haber conseguido la autorización para someterse a la eutanasia, convirtiéndose en uno de los casos más mediáticos de la región. Giraldo, de 33 años, había sido diagnosticada a los 20 años con trastorno límite de la personalidad y un trastorno de ansiedad no especificado, padecimientos que la llevaron a someterse a más de 40 esquemas farmacológicos, tratamientos con ketamina y ciclos de terapia electroconvulsiva.
Durante su vida, la profesional fue hospitalizada en múltiples ocasiones por intentos de suicidio, lo que agravó su estado físico y mental. Ante la imposibilidad de obtener la Asistencia Médica al Suicidio –procedimiento que en Colombia excluye los trastornos mentales como causa justificable–, sus abogados describieron el proceso como un “bloqueo” que la obligó a buscar la eutanasia como única vía para poner fin a su sufrimiento.
En sus últimas entrevistas, Giraldo manifestó estar “tranquila” y expresó alivio al saber que su dolor no se prolongaría. Recordó las numerosas veces que estuvo postrada en camillas tras crisis severas, describiendo una sensación de inhabilidad para vivir bajo supervisión y un deseo firme de no regresar a esos estados.
El caso de Giraldo sigue bajo estudio por las autoridades colombianas, que analizan la diferencia entre la eutanasia y la Asistencia Médica al Suicidio, y cómo la legislación actual aborda los trastornos mentales en decisiones de final de vida. Su muerte plantea preguntas sobre los derechos de las personas con enfermedades psiquiátricas graves y la necesidad de revisar los marcos legales que regulan la eutanasia y el suicidio asistido.
La comunidad médica y de derechos humanos ha pedido una revisión exhaustiva de los protocolos, con el objetivo de garantizar que futuros pacientes cuenten con opciones claras y éticamente sustentadas para enfrentar sufrimientos insoportables.