En una rueda de prensa celebrada hoy, el vocero del Ministerio de Relaciones Exteriores de China, Lin Jian, desmintió rotundamente las acusaciones del expresidente de Estados Unidos, Donald Trump, que alegó una interferencia china en los comicios de 2020. Lin calificó dichas afirmaciones de “completa falsedad” y “pura invención”, y sostuvo que Pekín “no tiene ningún interés ni ha interferido nunca en las elecciones de Estados Unidos”.
El portavoz también instó a Washington a “contribuir al desarrollo de las relaciones bilaterales” en lugar de “usar a China como tema de campaña electoral”. Según Lin, cualquier indicio o prueba que respalde las acusaciones de Trump es “una campaña de difamación malintencionada”. Añadió que EE. UU. debería “dejar de difamar a China sin fundamento” y enfocarse en acciones que fortalezcan la cooperación entre ambas naciones.
Trump, quien emitió su mensaje el 16 de julio desde la Casa Blanca, afirmó que información de inteligencia mostraba intentos de China de influir en los comicios de 2020, incluyendo la supuesta fabricación de documentos falsos para facilitar votos ilegales. Sin embargo, los documentos citados por la Casa Blanca describen acusaciones no verificadas y evaluaciones internas que cuestionan la fiabilidad de algunas fuentes. Además, agencias de seguridad estadounidenses descartaron en años anteriores que actores extranjeros hubieran alterado los resultados electorales.
El expresidente también aprovechó su discurso para cuestionar la confiabilidad del sistema electoral estadounidense, arremetiendo contra el voto por correo y vinculando la inmigración irregular con la seguridad electoral. Asimismo, presionó al Congreso para aprobar una ley que restringiría el sufragio antes de los comicios de medio mandato de noviembre próximo.
Lin evitó comentar si las declaraciones de Trump tendrán repercusión en la visita prevista del presidente chino, Xi Jinping, a Estados Unidos a finales de septiembre.
Esta confrontación se produce en un contexto de tensiones diplomáticas entre ambas potencias, donde la narrativa de interferencia electoral se ha convertido en un tema recurrente en la política interna de EE. UU., mientras China busca reforzar su imagen de actor responsable en la arena internacional.