Rey Carlos III recibió a Andy Burnham en audiencia y le pidió que formara un nuevo Gobierno, oficializando su nombramiento como séptimo Primer Ministro del Reino Unido desde 2016. La ceremonia de "besamanos" en el Palacio de Buckingham, donde ambos se estrecharon la mano, simboliza el traspaso de poder del saliente Keir Starmer al exalcalde de Manchester.
Starmer, obligado a dimitir por su propio partido, pronunció un breve discurso de despedida fuera del 10 de Downing Street, declarando que "mi trabajo está hecho" y que el país está "más fuerte y más justo que hace dos años". Tras su salida, Burnham, único candidato en la contienda interna del Partido Laborista, obtuvo el respaldo de 379 de los 403 diputados laboristas y aceptó la invitación real.
En su primer discurso como líder del Gobierno, Burnham prometió una política "menos tóxica", la mejora del nivel de vida y la recuperación de la esperanza ciudadana. Aseguró que los políticos "deben ser mejores" y que su objetivo es "cortocircuitar" un sistema que, según él, ha tomado rumbos equivocados desde la década de 1980.
El papel del monarca, aunque sin poder político directo, sigue siendo el de ofrecer formalmente el cargo al líder del partido que pueda obtener mayoría en la Cámara de los Comunes. La democracia parlamentaria británica permite que el cambio de líder y, por ende, de Primer Ministro, ocurra sin una elección general, la próxima prevista para 2029, salvo que Burnham decida convocarla antes.
Se espera que el nuevo Primer Ministro realice cambios en el gabinete, particularmente en los puestos de Canciller del Tesoro y de los Secretarios de Exteriores e Interior, sustituyendo a los principales cargos del anterior gobierno de Starmer.
Los críticos y partidarios estarán atentos a los detalles de cómo Burnham cumplirá sus promesas, mientras el Reino Unido observa el inicio de una nueva etapa política bajo su liderazgo.