Francia registró un saldo preliminar de 2 025 muertes en exceso durante la ola de calor que azotó al país entre el 22 y el 28 de junio de 2026, cuando las temperaturas máximas alcanzaron los 43,8 °C. Según datos de las autoridades sanitarias, el incremento de fallecimientos se situó en casi un 65 % en la capital y alrededor de un 50 % en la región Centre‑Val de Loire.
El fenómeno climático se combina con dos tendencias estructurales: el envejecimiento de la población y la escasez de recursos estatales para adaptar la infraestructura pública a temperaturas extremas. Estas variables provocaron una cadena de efectos colaterales que afectaron a hospitales, escuelas, residencias de ancianos y, de manera notable, al sector funerario.
Normalmente, los fallecimientos en domicilios representan el 25 % del volumen de trabajo de la funeraria; durante la ola, esa proporción escaló al 80 %, obligando a equipos de traslado a recuperar cuerpos que habían permanecido sin ser descubiertos durante semanas.
Las cifras preliminares cubren solo el 60 % de los fallecimientos registrados; se espera que el total final aumente una vez se integren los datos de todo el país, especialmente los de muertes en hogares, que mostraron un incremento superior al 91 % en la semana crítica.