El martes 21 de julio, el Aeropuerto Internacional de Miami fue escenario de la partida del primer envío de ayuda humanitaria de Estados Unidos a Cuba. Un avión cargado con 18 toneladas de alimentos (arroz, alubias, aceite) y artículos de higiene, además de linternas, despegó alrededor de las 15:00 horas (hora local) bajo la coordinación de la organización Catholic Relief Services (CRS), la Iglesia católica y Cáritas Cuba.
El envío responde a la promesa del secretario de Estado, Marco Rubio, anunciada en mayo, de destinar 100 millones de dólares para paliar la grave escasez de insumos y servicios esenciales que atraviesa la isla. En palabras del subsecretario de Estado para Asistencia Exterior, Asuntos Humanitarios y Libertad Religiosa, Jeremy Lewin, la ayuda se entregará tanto por aire como por mar.
Según Lewin, los suministros beneficiarán a 700 familias en la primera fase, y se espera que el programa alcance a 196 mil familias en toda la isla. El presidente de CRS, Sean Callahan, señaló que, pese a la retórica inicial del gobierno cubano que calificó la oferta como una “fábula”, la ayuda será aceptada y distribuida. Sin embargo, el propio Callahan admitió que el régimen cubano “rechazó la ayuda” en ciertos momentos, aunque mantuvo la esperanza de que este sea el primero de muchos envíos.
El envío se suma al apoyo humanitario que EE.UU. ha brindado a Cuba tras el paso del huracán Melissa hace un año. Lewin y Callahan no precisaron la fecha del próximo envío, pero indicaron que, de concretarse, la asistencia podría llegar casi semanalmente a partir del próximo año.
La crisis energética que azota a Cuba desde mediados de 2024, intensificada por el embargo petrolero impuesto por EE.UU. y calificado por la ONU como contrario al derecho internacional, ha agravado la necesidad de recursos básicos. El programa de 100 millones de dólares busca, en última instancia, aliviar la situación de la población civil mientras se mantiene la presión política sobre el régimen.