Un equipo multicultural de activistas ha convertido un edificio de tabique sin aire acondicionado en “El Búnker”, un centro de operaciones clandestino que brinda apoyo legal, psicológico y logístico a inmigrantes amenazados por la Agencia de Inmigración y Control de Aduanas (ICE). La iniciativa, liderada por la organización Casa San José, surge como respuesta directa a la escalada de detenciones: según el Deportation Data Project, entre agosto de 2025 y marzo de 2026 ICE arrestó a 5,100 personas en el estado, un promedio de 14 capturas diarias.
El Búnker alberga a unas 40 personas distribuidas en dos pisos. Entre sus integrantes se encuentran un mexicano especializado en ciberseguridad, un colombiano escapado de la violencia, una judía cuya bisabuela vivió como indocumentada durante el Holocausto, la hija de argentinos que busca devolver la ayuda recibida a sus padres, y una joven recién egresada del bachillerato que se sumó tras ver las imágenes de redadas y asesinatos vinculados a ICE. Cada uno aporta habilidades específicas: desde la gestión de datos y la seguridad digital hasta la organización de redes de voluntarios y la capacitación de informantes que alertan sobre patrullajes.
Más allá de la asistencia inmediata, el grupo lleva a cabo labores de incidencia política. Identifican a los jueces que manejan casos de inmigración, estudian sus precedentes y hacen lobby ante congresistas para modificar normas que facilitan las deportaciones. También entrenan a voluntarios que acompañan a los inmigrantes a las audiencias judiciales y a los familiares que enfrentan separaciones.
El proyecto se inspira en los modelos de resistencia de Minneapolis, adaptados al contexto local. Sara Myers, de 23 años, diseñó un mapa de Pensilvania que señala los condados con aliados y puntos de respuesta rápida, replicando la estrategia de “redes de ayuda mutua” que encontró en 20 comunidades del estado. Según el censo, Pensilvania cuenta con 1.2 millones de residentes de origen hispano (9.4 % de la población estatal) y en Pittsburgh viven más de 11,600 hispanos, lo que convierte a la ciudad en un enclave relativamente abierto a la migración.
Casa San José, fundada en 2015, ha endurecido sus protocolos de seguridad y vigilancia en los últimos meses, reforzando la confidencialidad de sus operaciones para evitar infiltraciones de ICE. La organización afirma que su misión es “estar siempre un paso adelante”, anticipándose a las redadas y ofreciendo una línea de emergencia 24 horas que conecta a los inmigrantes con asistencia legal y médica.
El Búnker representa, según sus fundadores, una forma de resistencia estructural: no solo reaccionan a la represión, sino que construyen una infraestructura de apoyo que busca transformar la relación entre la comunidad migrante y el Estado estadounidense.