El presidente Donald Trump asistió este viernes a la nueva edición de la Cena de Corresponsales de la Casa Blanca, evento que se celebró en el Waldorf Astoria, antiguo hotel de la familia Trump, tras haber sido trasladado del Washington Hilton por razones de seguridad.
La velada contó con un amplio cordón de seguridad: agentes del Servicio Secreto, la policía local y la Guardia Nacional cerraron las calles circundantes, y los asistentes debieron presentar código QR y documento de identidad para pasar por escáneres en el acceso. El director del Servicio Secreto, Sean Curran, supervisó personalmente la llegada de los invitados.
En su discurso, Trump retomó la frase que no pudo pronunciar en abril, cuando disparos en el Washington Hilton obligaron a la evacuación del evento. "Quiero anunciar mi intención de competir por un tercer mandato como presidente. Gané tres veces y lo haré de nuevo", bromeó, mientras lucía una gorra roja con el año 2028 estampado en la parte frontal, aludiendo a una posible candidatura para las elecciones de ese año.
El mandatario también rindió homenaje a los agentes del Servicio Secreto que, según informó, ayudaron a detener al presunto tirador en abril, a pesar de haber sido alcanzados en sus chalecos protectores. "Saludamos y agradecemos de todo corazón a los héroes del Secret Service", declaró en inglés, acompañando sus palabras con una serie de emojis de aplausos.
Karoline Leavitt, secretaria de prensa de la Casa Blanca, había adelantado que Trump celebraría "la libertad de expresión y la Primera Enmienda" junto a los medios. Weijia Jiang, presidenta de la Asociación de Corresponsales de la Casa Blanca, reiteró que "no permitiremos que un acto de violencia tenga la última palabra" y calificó la realización del evento como un "signo de fuerza y entereza".
La cena, que se ha convertido en una tradición para los periodistas que cubren la presidencia, vuelve a ser un escenario donde Trump muestra su desdén hacia los medios tradicionales, a quienes frecuentemente califica de "enemigos del pueblo". La edición de este año, más íntima por el menor número de asistentes, mantuvo la costumbre de mezclar humor político con críticas a la prensa, mientras la seguridad reforzada buscó garantizar que el espectáculo, como dijo el mandatario, "el show must go on".