La derrota de la Selección Argentina en la final del Mundial 2026 contra España no solo dejó lágrimas en los vestuarios; desencadenó una corriente de odio y acusaciones de racismo que ha inundado redes sociales, medios internacionales y hasta el Congreso de Estados Unidos.
En medio de la indignación, la pregunta que queda es si la ola de críticas internacionales impulsará políticas más efectivas contra el racismo en Argentina o si, como sugiere Rosemblat, seguirá siendo un juicio externo que poco aporte a la solución interna.