2027 se perfila como el año más caluroso desde que existen registros, impulsado por un El Niño de intensidad “muy fuerte” con una probabilidad del 80 % según la NOAA. Los científicos de Berkeley Earth, encabezados por Zeke Hausfather, advierten que el pico de este fenómeno superará ampliamente el récord anterior, elevando la temperatura media global 1.7 °C por encima del promedio preindustrial.
Esta proyección sitúa al planeta al borde de sobrepasar el límite de 1.5 °C pactado en el Acuerdo de París, lo que tendría consecuencias directas para México: mayores olas de calor, sequías prolongadas y mayor riesgo de incendios forestales.
Los datos semanales del Centro de Predicción Climática (CPC) de la NOAA mostraron una anomalía absoluta de +2.1 °C respecto a la climatología en la semana del 15 de julio, la segunda consecutiva con valores iguales o superiores a 2 °C. La meteoróloga Michelle L’Heureux explicó que el acoplamiento atmósfera‑océano en el Pacífico ecuatorial está “muy intenso”, reforzando la confianza en la llegada de un El Niño histórico.
El impacto económico podría ser comparable al evento de 1997‑98. El investigador Justin Mankin estima pérdidas de hasta 10 billones de dólares para 2032 si se cumplen las previsiones mínimas, mientras que el crecimiento global podría reducirse en 5.7 billones de dólares en los años posteriores.
Los ecosistemas también se verán afectados: la revista Nature advierte una disminución en la absorción neta de carbono por los océanos y el blanqueamiento masivo de arrecifes de coral. La meteoróloga Cindy Fernández señaló que “el agua más caliente transfiere ese calor a la atmósfera”, intensificando las anomalías térmicas.
El paleoclimatólogo Kaustubh Thirumalai describió el escenario como un “estado transitorio” que podría indicar un cambio sistemático en el ciclo ENSO, aunque la evidencia aún es insuficiente. Pregunta si el calentamiento global no solo se amplifica con El Niño, sino que también altera su comportamiento.
El ciclo ENSO, compuesto por fases de El Niño, La Niña y neutral, influye en la agricultura, la pesca y la disponibilidad de agua en México. Su monitoreo es esencial para la prevención de desastres climáticos y la adaptación de políticas públicas.
Ante este panorama, expertos hacen un llamado a reducir rápidamente las emisiones de CO₂ y a fortalecer los sistemas de alerta temprana, pues la magnitud del próximo El Niño podría marcar el inicio de una nueva era climática para México y el resto del planeta.