El balance oficial de víctimas mortales del terremoto de magnitud 7.1 que azotó el suroeste de Japón el martes 28 de julio se incrementó a 35 personas, según informó la prefectura de Kumamoto. El sismo, que alcanzó el nivel máximo en la escala japonesa de siete grados, provocó una explosión en el centro comercial Aeon Mall de Kashima, donde murieron siete personas y otras cinco resultaron heridas.
Equipos de rescate continúan buscando sobrevivientes bajo los escombros del establecimiento. Hasta el momento, 12 personas han sido evacuadas con vida, pero la operación sigue en curso, pues la ventana de 72 horas es considerada crítica para localizar a los atrapados, según expertos en gestión de desastres.
El desastre dejó cientos de heridos de diversa gravedad y obligó a más de 9,000 residentes a refugiarse en centros de evacuación, en medio de una ola de calor extremo que agrava la situación humanitaria.
El médico Mototaka Inaba, de la organización Peace Winds Japan, describió las primeras horas como de "extrema tensión" y destacó la importancia de la coordinación entre los equipos de emergencia y las autoridades locales para evitar mayores pérdidas.
Japón, situado en el Anillo de Fuego del Pacífico, es una de las regiones sísmicamente más activas del planeta. Sus normas de construcción están diseñadas para resistir temblores, pero la magnitud del sismo y la explosión subsecuente superaron los márgenes de seguridad previstos.
Las autoridades siguen evaluando los daños materiales y estructurales, mientras la población afectada espera respuestas y asistencia para la reconstrucción y el retorno a sus hogares.