Durante un evento público celebrado en Las Vegas el 5 de agosto de 2026, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, volvió a encender la polémica en materia de comercio internacional al señalar que varios de sus principales socios y competidores comerciales – México, Canadá, China, Japón, Corea del Sur y Alemania – “perjudicaron” la economía norteamericana durante años mediante la aplicación de aranceles y prácticas que, según él, afectaron a las industrias locales.
Trump sostuvo que bajo administraciones anteriores esas naciones se aprovecharon del mercado estadounidense y desplazaron inversiones, generando pérdidas de empleos y debilitando la manufactura nacional. En particular, el mandatario calificó de “repugnante” a la cúpula política canadiense, en medio de una escalada de la disputa tarifaria entre ambos países.
El presidente argumentó que las medidas arancelarias impuestas por su administración buscan reequilibrar la balanza comercial, proteger los empleos de la clase trabajadora y repatriar líneas de manufactura que habían sido externalizadas. Estas declaraciones se producen en un contexto delicado para la relación bilateral entre México y EE. UU., donde ambos gobiernos mantienen mesas de trabajo para abordar las tarifas aplicadas a sectores clave como el acero y el aluminio, así como los preparativos para la revisión del Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (T‑MEC).
La Secretaría de Economía de México ha manifestado su intención de lograr reducciones sustanciales en las cuotas impuestas a sus exportaciones, mientras que la Casa Blanca insiste en endurecer la postura proteccionista para consolidar la producción doméstica. Las tensiones comerciales continúan siendo un punto crítico en la agenda diplomática de ambos países, y los próximos meses podrían definir el rumbo de las negociaciones del T‑MEC y de los aranceles sectoriales.