Abelardo de la Espriella juró como presidente de la República de Colombia para el periodo 2026‑2030 en la Arena USC, tras ser investido por el Congreso de la República. El acto contó con una salva de 21 cañonazos disparados por el Ejército desde la Escuela Militar de Cadetes José María Córdova y el aplauso de su familia y de los asistentes.
La ceremonia estuvo marcada por la polémica: el nuevo mandatario decidió no convocar a varios de sus antecesores, rompiendo una tradición institucional. No fueron invitados expresidentes como César Gaviria, Andrés Pastrana, Álvaro Uribe e Iván Duque, ni la exsenadora Paloma Valencia, quien había apoyado su candidatura. El expresidente Ernesto Samper reaccionó con ironía ante su exclusión, mientras que los congresistas del Pacto Histórico, partido del presidente saliente Gustavo Petro, se mantuvieron ausentes, calificando a De la Espriella de "presidente ilegítimo" y alegando fraude electoral.
De la Espriella también adoptó un saludo militar –colocarse la mano derecha en la frente– como seña de identidad política, y ha defendido una estrategia publicitaria similar a la de Bukele para combatir la criminalidad.
Con la mirada puesta en la consolidación de su agenda, De la Espriella enfrentará el reto de gobernar un país que lleva décadas sumido en conflictos políticos y sociales, mientras busca equilibrar la presión interna y la expectativa de la comunidad internacional.