Al menos 58 soldados del gobierno yemení fueron asesinados el jueves 6 de agosto en una serie de ataques con drones y misiles ejecutados por los rebeldes hutíes, el saldo más letal registrado desde la tregua de 2022 entre ambos bandos.
Los ataques, que alcanzaron varios campamentos militares en la zona de Al‑Ruwaik, provincia de Marib, y en los sectores de Al‑Abr y Al‑Wadiah, en Hadramaut, dejaron también decenas de heridos, según fuentes médicas y militares.
El Ministerio de Defensa del gobierno de Yemen, reconocido internacionalmente, calificó la acción como una "agresión" y aseguró que responderá "en el momento y lugar apropiados". Por su parte, los hutíes, respaldados por Irán, declararon que los ataques fueron una represalia por el reciente refuerzo de tropas yemeníes apoyadas por Arabia Saudita.
En la misma jornada, la coalición liderada por Riad informó que disparos en la frontera entre Arabia Saudita y Yemen dejaron 11 civiles heridos, entre ellos un niño de cuatro años, dos egipcios, un yemení y un pakistaní.
Estos hechos se enmarcan en la escalada del conflicto que, tras más de una década de guerra, se ha convertido en el último frente de la rivalidad entre Estados Unidos e Irán. La semana anterior, los hutíes anunciaron un bloqueo marítimo contra la flota saudí, atacando dos petroleros en el Mar Rojo y el Golfo de Adén, lo que amenaza la exportación de crudo saudí.
El conflicto, iniciado en 2014, ha causado cientos de miles de muertos y una profunda crisis humanitaria. Los rebeldes controlan la capital, Saná, y gran parte del norte del país, mientras que el gobierno reconocido mantiene el control de la mayor parte del sur.