En una serie de declaraciones públicas, el expresidente de los Estados Unidos, Donald Trump, volvió a colocar la relación bilateral con Venezuela en el centro del debate internacional al afirmar que su país está obteniendo “mucho petróleo” de la nación sudamericana. La información se difundió a través de su cuenta en Truth Social y de una entrevista concedida a la cadena Fox el 12 de mayo de 2026.
Trump sostuvo que, tras la captura de Nicolás Maduro y la posterior normalización de relaciones diplomáticas el 3 de marzo de 2026, Washington ha comenzado a beneficiarse económicamente del crudo venezolano, pese a la grave degradación de la infraestructura petrolera del país. “Al vencedor le pertenecen los despojos”, citó al referirse a la dinámica que, según él, favorece a EE. UU. en el intercambio energético.
El mandatario también defendió la postura de la administración de Delcy Rodríguez, subrayando que la cooperación entre ambos gobiernos está orientada a “promover la estabilidad regional, apoyar la recuperación económica y avanzar en la reconciliación política venezolana”. En este sentido, el presidente estadounidense recordó la máxima de Tucídides sobre la guerra y la paz, insinuando que la nueva alianza es una oportunidad para “reaprovechar los recursos que antes estaban fuera de alcance”.
En un giro más polémico, Trump volvió a mencionar la idea de convertir a Venezuela en el “Estado 51” de la Unión Americana. En agosto de 2026 compartió en Truth Social un mapa de Venezuela pintado con la bandera de EE. UU. y la leyenda “Estado 51”, generando reacciones encontradas tanto en la comunidad internacional como entre analistas políticos.
Las declaraciones de Trump llegan en un momento en que la industria petrolera venezolana, a pesar de poseer las mayores reservas probadas del planeta, enfrenta una crisis de producción debido a la falta de inversión y a la obsolescencia de sus instalaciones. El acuerdo bilateral firmado en marzo de 2026 contempla la reactivación de la industria, pero los expertos advierten que la recuperación plena requerirá años de trabajo y una considerable inyección de capital.
Mientras tanto, la comunidad internacional observa con cautela los movimientos de la administración Trump, que, aunque ya no ocupa la Casa Blanca, sigue influyendo en la agenda política estadounidense y en la percepción de la política exterior de EE. UU. respecto a América Latina.