El lunes, Donald Trump utilizó su red social Truth Social para manifestar su apoyo incondicional al presidente de la FIFA, Gianni Infantino, advirtiendo que la entidad futbolística cometería un “terrible error” si considerara su sustitución, aunque fuera de forma temporal.
El presidente describió a Infantino como un “formidable” dirigente que ha “presidido la Copa del Mundo más exitosa” y advirtió que, de perderse su liderazgo, “la competición nunca volvería a conocer un éxito ni una rentabilidad semejantes”.
El comentario de Trump llega en un momento de creciente presión internacional contra Infantino. Las confederaciones de Europa (UEFA), de Norte, Centroamérica y el Caribe (Concacaf) y de Asia (AFC) firmaron una carta conjunta dirigida a la “familia del fútbol”, en la que exigen la renuncia del dirigente italiano‑suizo tras el fracaso de su proyecto de apertura de la FIFA a inversores privados, iniciativa que fue abandonada tras la fuerte oposición de los miembros.
En la carta, las tres confederaciones subrayan que “el liderazgo en el fútbol no es una posesión; no se trata de conservar o exigir el poder para uno mismo”. Añaden que “cuando la confianza se rompe a través del engaño, cuando un individuo se sitúa por encima del colectivo que le confió la autoridad, ese deber ha sido abandonado”.
Infantino, único candidato declarado para las elecciones de marzo próximo, donde buscará un nuevo mandato de cuatro años, ha mantenido una estrecha relación con Trump desde el regreso del republicano al poder en 2025. En diciembre del año pasado, el dirigente futbolístico entregó al presidente estadounidense el Premio de la Paz de la FIFA, creado para la ocasión.
Mientras tanto, la comunidad futbolística mundial permanece dividida. Por un lado, los críticos de Infantino argumentan que su gestión ha puesto en riesgo la integridad y la transparencia del organismo; por otro, defensores como Trump resaltan los logros económicos y de popularidad alcanzados bajo su mandato.