Al menos cien personas perdieron la vida el martes 18 de agosto cuando un deslizamiento de tierra sepultó una mina artesanal de oro en la localidad de Zamboye, subprefectura de Nana‑Mambere, región de Abba, cerca de la frontera con Camerún, según confirmaron autoridades locales y testigos a EFE.
El derrumbe, que ocurrió en la mañana, fue calificado como “previsible” por el ministro de Minas, Bi, quien señaló que los mineros artesanales excavan pozos profundos sin las medidas de seguridad necesarias. “Los jóvenes que perecen bajo los escombros no tienen más opción que asumir este riesgo”, lamentó.
Imágenes difundidas por la BBC África y redes sociales muestran la enorme cantera colapsada, con cientos de cuerpos bajo los escombros y una multitud de observadores impotentes. Mineros presentes, entre ellos Florian Gaguende, confirmaron la cifra y advirtieron que “muchas personas siguen desaparecidas” y que las posibilidades de rescate disminuyen rápidamente.
El vocero del Ejecutivo, Évariste Ngamana, expresó el dolor del gobierno y aseguró que se trabaja “incansablemente para brindar ayuda y asistencia a las víctimas”. Asimismo, solicitó solidaridad nacional e internacional para las familias afectadas.
El siniestro se produce en medio de un auge aurífero que ha atraído a un número creciente de jóvenes a la minería artesanal. Cada año se registran fallecimientos por deslizamientos y contaminación del agua derivada de los productos químicos empleados en la extracción de oro, lo que ha intensificado las demandas de regulaciones más estrictas.
En la zona occidental de la República Centroafricana existen importantes yacimientos de oro. Según el código minero, el Estado otorga permisos a cooperativas que operan con métodos artesanales y, en algunos casos, se asocian con empresas chinas para la minería semimecanizada o industrial. La tragedia de Zamboye reaviva el debate sobre la necesidad de supervisión y control efectivo para evitar futuras catástrofes.