Con la muerte del rey Harald V a los 89 años, el príncipe heredero Haakon ascenderá al trono como Haakon VIII y, junto a él, Mette-Marit se convertirá en la primera reina consorte de Noruega en la historia reciente.
La mujer que ocupará ese cargo, Mette-Marit Tjessem Høiby, nació el 19 de agosto de 1973 en Kristiansand, una ciudad del sur del país. Proviene de una familia sin antecedentes aristocráticos: su padre fue periodista y su madre trabajó en una entidad bancaria. Tras el divorcio de sus padres, creció con su madre y sus hermanos, desempeñando empleos modestos como camarera y, en su juventud, participó en la vida nocturna de Oslo, periodo en el que dio a luz a su primer hijo, Marius Borg Høiby.
En 1999, a los 25 años, conoció al entonces príncipe heredero Haakon en el festival de música Quart de Kristiansand. La relación, inicialmente secreta, se hizo pública y culminó en matrimonio en 2001, convirtiéndose en la primera princesa noruega sin linaje real. Su pasado fuera de la realeza generó críticas y cuestionamientos sobre su idoneidad para el cargo.
Durante más de dos décadas, Mette-Marit trabajó en la reconstrucción de su imagen, apoyando causas benéficas, acompañando a sus hijos –Magnus, Ingrid Alexandra y Sverre Magnus– y reduciendo su agenda oficial tras el diagnóstico de fibrosis pulmonar crónica en 2018.
Sin embargo, su reputación sufrió un fuerte golpe a principios de 2026 cuando documentos del caso Jeffrey Epstein revelaron una correspondencia íntima entre la princesa y el financiero entre 2011 y 2014. La reina consorte admitió haber sido “manipulada y engañada” por Epstein, lo que provocó una caída del apoyo a la monarquía del 70 % al 60 % en una encuesta nacional.
Paralelamente, su hijo mayor, Marius, fue condenado en junio por dos cargos de violación y uno de violencia doméstica, recibiendo una pena de cuatro años de prisión, lo que añadió más controversia a la familia real.
En medio de la crisis, Mette-Marit se sometió a un trasplante de pulmón, recuperándose y celebrando sus bodas de plata con Haakon en agosto. Ahora, tras la muerte de Harald V, se perfila como la figura central de la monarquía noruega, enfrentando el desafío de consolidar su legitimidad y la continuidad de la institución.
Su historia, que ya se compara con la de Diana de Gales, seguirá siendo observada de cerca tanto por los noruegos como por la comunidad internacional.