El carguero ruso "Omskiy‑107" encalló frente a la playa de Alacali, en la localidad turca de Sile, después de haber permanecido a la deriva durante casi un mes en el Mar Negro. El buque de 108 metros, con bandera rusa y sin tripulación, sufrió graves daños en su puente de mando tras un ataque de drones ucranianos cerca del puerto de Novorossiysk el 2 de agosto. La tripulación abandonó la nave en botes salvavidas y la embarcación quedó a la deriva, recorriendo aproximadamente 800 km antes de ser avistada por residentes locales que alertaron a la guardia costera turca.
Las autoridades turcas acordonaron la zona y comenzaron la inspección del buque, constatando que el sistema de identificación automática (AIS) dejó de transmitir datos hace casi un mes. El daño estructural y la quema del puente de mando confirmaron que el ataque había dejado al barco sin capacidad de maniobra.
El incidente, según analistas, ilustra el peligro que la guerra de drones entre Rusia y Ucrania representa para la navegación civil en el Mar Negro. En los últimos dos meses se han registrado ataques contra cerca de 300 buques comerciales, lo que ha provocado una caída significativa del tráfico marítimo, el aumento de los precios de seguros y la interrupción de las cadenas de suministro globales.
Expertos señalan que la ausencia de colisiones con otras embarcaciones durante las cuatro semanas de deriva del "Omskiy‑107" es una coincidencia rara, dado el intenso tráfico de la zona. Rusia, por su parte, ha intensificado los ataques a buques mercantes como parte de su estrategia ofensiva, mientras que Ucrania ha logrado detener gran parte del tráfico de exportación de cereales rusos desde la Crimea ocupada.
El impacto económico se refleja en el alza de los precios de materias primas: el trigo ha subido un 6 % en el último mes y un 30 % en el año, mientras que el carbón ha experimentado incrementos notables por la casi total paralización de sus exportaciones desde puertos rusos.
En julio, el secretario general de la Organización Marítima Internacional, Arsenio Domínguez, condenó los ataques a buques mercantes, calificándolos de violación al derecho internacional que pone en riesgo a los marineros, amenaza la seguridad de la navegación e interrumpe las cadenas globales de suministro.