El reconocimiento internacional de una obra cinematográfica a menudo choca con los límites de la narrativa oficial, desatando represalias que trascienden el ámbito cultural. Lo que comienza como un aplauso en un festival se transforma rápidamente en un campo de batalla político y legal.El ministro israelí de Cultura, Miki Zohar, anunció su intención de revocar la nacionalidad a los directores del documental 'Naza', galardonado con el Premio Especial del Jurado en el Festival de Venecia. Zohar acusó a los cineastas, Abraham y Szor, de traición y de alimentar un "odio autodestructivo" para recibir aplausos internacionales. Esta postura fue respaldada por el ministro de Seguridad Nacional, Itamar Ben Gvir, quien calificó a los realizadores como una deshonra para el pueblo de Israel.La cinta de 80 minutos, que ingresó al certamen en el último momento, explora la supuesta estrategia detrás de las bajas civiles en la Franja de Gaza. El término 'Naza' es utilizado, según el filme, por los servicios de inteligencia israelíes para referirse a las "víctimas colaterales" de los bombardeos posteriores a los ataques del 7 de octubre de 2023, un conflicto que ha dejado más de 73 mil muertos en el enclave, según autoridades locales.En respuesta, el Ejército israelí emitió un comunicado desmintiendo una de las premisas centrales del documental, asegurando que las decisiones de bombardeo son tomadas exclusivamente por personal humano y no por sistemas de inteligencia artificial, como sugiere la película. La amenaza contra los creadores, quienes formaron parte del equipo de la oscarizada 'No Other Land', enciende una intensa discusión sobre los límites de la libertad artística y la disidencia.