El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, y su homólogo chino, Xi Jinping, han colocado a la inteligencia artificial (IA) —rebautizada por Trump como "superinteligencia"— en el centro de sus negociaciones durante la visita de Estado del líder asiático a Washington. En declaraciones previas al encuentro, Trump aseguró que la intención de ambas naciones es "dejar las cosas como están", lo que implica continuar con el ritmo acelerado de desarrollo tecnológico sin imponer frenos regulatorios significativos, a pesar de las advertencias de seguridad provenientes del sector privado.La reunión se da en un contexto de alta tensión estratégica. China confirmó este jueves un primer contacto técnico con Estados Unidos sobre IA dentro del mecanismo de consultas establecido para mantener la tregua comercial. Sin embargo, Pekín se ha mostrado cauteloso y no ha confirmado la extensión de dicha tregua hasta el 10 de enero de 2027, fecha propuesta por el secretario de Comercio estadounidense, Scott Bessent. La moratoria actual, que expira el 10 de noviembre, ha permitido contener parcialmente la escalada arancelaria y suspender restricciones cruzadas en sectores sensibles como las tierras raras y los productos de alta tecnología.La rivalidad por la supremacía tecnológica define el tono del diálogo. Trump destacó que Estados Unidos lleva "la delantera" en avances de IA, una posición que busca consolidar mientras Pekín intenta superar las restricciones estadounidenses que limitan su acceso a los chips semiconductores más avanzados. Aunque ambos países acordaron en mayo pasado, durante una visita de Trump a China, establecer un canal intergubernamental específico para la IA, el progreso ha sido mínimo.Entre las propuestas técnicas sobre la mesa, Washington ha sugerido la creación de un mecanismo de notificación obligatoria de incidentes relacionados con fallos o riesgos de la IA, una medida a la que la parte china aún no ha respondido formalmente. Este silencio refleja la complejidad de una relación donde la cooperación técnica choca con la competencia geopolítica, especialmente en un momento en que grandes empresas tecnológicas de ambos lados han pedido pausar el desarrollo ante la falta de regulación global. Con Xi Jinping en suelo estadounidense por primera vez en más de una década, el mundo observa si estas conversaciones lograran estabilizar la carrera armamentística digital o si, como sugiere Trump, la prioridad será simplemente mantener la velocidad de innovación sin importar los riesgos colaterales.