El secretario de Energía de Estados Unidos, Chris Wright, ha iniciado conversaciones con ejecutivos de las principales refinerías del país para explorar la posibilidad de implementar una restricción voluntaria en las exportaciones de diésel. Esta medida surge como una alternativa menos drástica a una prohibición formal, la cual el presidente Donald Trump había sugerido inicialmente ante la presión política por el aumento vertiginoso de los precios del combustible.La administración se enfrenta a un escenario complejo: los precios del diésel han alcanzado aproximadamente 6,52 dólares por galón, impulsados por interrupciones en la oferta global derivadas de los conflictos en Irán y Ucrania, así como por reservas nacionales que se encuentran un 13% por debajo del promedio estacional. Este incremento está alimentando la inflación y generando preocupación entre legisladores republicanos de estados agrícolas, quienes ven afectada su base electoral de cara a las cruciales elecciones de mitad de mandato de noviembre.Sin embargo, la estrategia de "colaboración voluntaria" encuentra resistencia en la industria energética. El Instituto Americano del Petróleo y más de 30 grupos empresariales han instado a la Casa Blanca a rechazar cualquier limitación a las exportaciones. Sus argumentos principales son: