La emoción era palpable en el aire mientras los fieles esperaban el momento más esperado de la noche: las Mañanitas. "Es un momento mágico", comentó una devota, "donde la fe y la devoción se unen en un solo sentimiento de gratitud y amor hacia la Virgen". Y es que, después de siete décadas, esta tradición sigue siendo un pilar fundamental en la celebración del 12 de diciembre.
Con el sonido de las trompetas y las guitarras de mariachi, las Mañanitas comenzaron a sonar, y el júbilo de la multitud alcanzó su clímax. La Basílica de Guadalupe, considerada el centro mariano más visitado del mundo, se convirtió en un escenario de fe y devoción, donde los pies cansados y el dolor en las rodillas se olvidaron en un instante.
La serenata guadalupana fue un momento de renovación y fortalecimiento de la esperanza para aquellos que participaron. "Es un momento en el que la Virgen nos recuerda que siempre está con nosotros", comentó un peregrino, "y que nuestras preocupaciones y problemas encontrarán solución".
Después de los cantos eufóricos, la misa comenzó, con un mensaje central que recordó la importancia de la Virgen de Guadalupe en la historia del continente americano. El mensaje fue claro: "No podemos ser espectadores de la corrupción, debemos superar los odios y evitar la violencia de todo tipo; buscar el bien común".
La celebración no solo contó con la participación de devotos mexicanos, sino también de cantantes de todo el continente. Estados Unidos, Ecuador, Colombia, Costa Rica y México fueron algunas de las nacionalidades de los intérpretes que ofrecieron su talento para agradecer los favores concedidos por la Virgen mexicana.
Según la Basílica de Guadalupe, después de la pandemia de covid-19, la feligresía y peregrinaciones han aumentado su presencia en los últimos años, llegando a la cifra de 20 millones por año.
