La UNAM lanza una encuesta silenciosa para detectar el dolor invisible de sus estudiantes

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En las aulas de la UNAM, algo ha cambiado silenciosamente. No son los horarios ni los nuevos programas de estudio. Es algo más sutil: el peso de lo que no se dice. Algunos estudiantes ya lo sienten en las mañanas que no logran levantarse, en las tardes que se quedan en la biblioteca sin abrir un libro, en los mensajes que nunca responden. La universidad, por primera vez, no espera a que el dolor se vuelva crisis; está preparando una red que escucha antes de que se rompa el hilo