El ministro español de Asuntos Exteriores, José Manuel Albares, aprovechó el acto para declarar que, “hubo injusticia” al llegar los europeos a la península, una frase que, de manera inédita, llegó a la mesa de las Naciones Unidas con la diplomacia mexicana. Este pronunciamiento, que se dio durante la inauguración de la muestra, se percibe como el primer paso concreto para reconocer los daños de la colonización.
Claudia Sheinbaum, presidenta de México, calificó la declaración del ministro como “muy importante”, destacando que el reconocimiento de “la injusticia” es un gesto que “engrandecerá a los gobiernos y a los pueblos”. En sus palabras, la disculpa no es humillante, sino un acto de dignidad que fortalece las relaciones bilaterales.
La presidenta, que en la última semana volvió a insistir en la exigencia de un perdón formal por parte de España, respondió a la señal diplomática con una postura que mezcla pragmatismo y sensibilidad histórica. “Es el primer paso”, afirmó, haciendo referencia al tema de la conquista, que ha sido objeto de debate entre ambos países.
La exposición, que reúne 435 piezas curadas por el gobierno mexicano, está distribuida entre cuatro sedes madrileñas: La Casa de México, el Museo Nacional Thyssen‑Bornemisza, el Museo Arqueológico Nacional y el Instituto Cervantes. Cada espacio ofrece una ventana a distintas facetas de la cultura indígena, desde artefactos prehispánicos hasta textiles contemporáneos.
Entre las piezas más destacadas se encuentra una figura olmeca del año 1400 a.C., una joya que simboliza la continuidad de la tradición indígena a través de los siglos. Por otro lado, el Thyssen alberga una colección de joyas que adornaron a la “reina roja” Tz'aka'ab Ajaw, cuyo cuerpo fue enterrado con cinabrio, evidenciando la complejidad de las prácticas funerarias.
El Instituto Cervantes exhibe la colección de textiles, donde la técnica de tejido revela una historia de resiliencia y adaptabilidad. Los curadores resaltan que estos textiles no solo son artefactos, sino testimonios vivos de la identidad de los pueblos originarios.
“La mujer es la que lleva las tradiciones indígenas y permite su continuidad”, explicó la comisaria de la exposición. En su relato, la mujer emerge como eje central de la cosmovisión maya, huasteca y mexica, vinculada al agua, la noche y la fertilidad, elementos que perduran en la actualidad.
La participación del embajador mexicano en España, Quirino Ordaz, y del director del Instituto Cervantes, Luis García Montero, subrayó la importancia de la colaboración cultural en la reparación histórica. “No podemos negar ni olvidar esta parte de nuestra historia compartida”, reforzó el ministro Albares.
La diplomacia mexicana, en un momento de tensiones y diálogos, ve en la declaración española una oportunidad para avanzar en la reconciliación y en el reconocimiento de los derechos de los pueblos originarios. La presidenta Sheinbaum, que ha señalado en varias ocasiones la necesidad de un perdón formal, percibe la acción de Albares como un paso que “no debe ser visto como un simple gesto simbólico”.
En el contexto de las relaciones bilaterales, la declaración española y la respuesta de México se enmarcan dentro de una conversación más amplia sobre la culpabilidad histórica y la reparación. Los expertos señalan que la conversación no termina con un reconocimiento, sino con la implementación de políticas concretas que beneficien a las comunidades indígenas.
La exposición, que se extenderá durante varias semanas, promete seguir generando diálogo entre los visitantes y los representantes de ambos países. A medida que los espectadores recorren las salas, la historia de la injusticia colonial se entrelaza con la narrativa contemporánea de resiliencia y reivindicación cultural.